Ruta por Doñana: Centro de Visitantes del Acebuche y Playa de Cuesta Maneli.

Hoy, aprovechando un claro (breve) en el cielo hemos aprovechado para dar una vuelta por Doñana y su entorno.
Las lagunas del Centro de Visitantes del Acebuche estaban a reventar, incluso el agua se abría paso en el pinar circundante. Estas charcas rebosaban de vida. Las larvas de diferentes especies de anfibios eran las protagonistas.
Los omnipresentes Rabilargos Cyanopica cyanus buscaban lombrices en el barro y se acercaban como pidiéndonos un trozo de pan que llevarse al pico.

El sol apretaba a ratos, cuando las nubes negras y amenazantes se relajaban. Se han alcanzado los 25ºC y parecía por momentos que la primavera le ganaba el pulso a este lluviosísimo invierno (no recuerdo otro parecido). .A ello ayudaban los Verdecillos Serinus serinus cantando a pleno pulmón desde las copas de los árboles; el Pájaro moscón Remiz pendulinus aportando material a su nido de los "puros" de la Enea Typha latifolia y los Somormujos lavancos Podiceps cristatus realizando su espectacular danza de cortejo. En el edificio del Centro de Visitantes también se observan 3 parejas de Golondrina dáurica Hirundo daurica aportando barro a sus nidos. Una de ellas parece haber comenzado la incubación.
Más tarde nos dirigimos hacia la Playa de Cuesta Maneli. Dejamos el coche en el aparcamiento, situado en el km.33 de la carretera Huelva - Matalascañas (desde El Rocío, entre Matalascañas y Mazagón). Desde aquí comienza un camino de gran belleza sobre tablas que atraviesa las Dunas del Asperillo. Este camino discurre entre Pinos piñoneros Pinus pinea y la escasa Camarina Corema album, endemismo íbero-azórico. después de recorrer 1 km. y medio llegamos al Acantilado del Asperillo, declarado Monumento Natural en 2001. Este sistema de dunas fósiles es único en la península y, aunque está expuesta a un continuo cambio por la erosión del mar y el viento cuenta con materiales d hasta 15000 años de antigüedad.
Tras oontemplar las vistas bajamos la escalera y dimos un paseo por la playa, para despúes volver por nuestros pasos hasta los coches.
Antes de volver hacia Sevilla hicimos una última parada en la Laguna de La Madre. Lógicamente estaba a rebosar y el Arroyo de la Rocina seguía aportando gran cantidad de agua. Costará muchos años volver a ver esta imagen...

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